"Volando de fiebre"-Francisca Arditi Ramos
Estar en la cama es enfermante. Las sabanas ya
amarillentas, las tazas vacías apiladas en el piso, las cortinas poco abiertas
para que el cuarto este sumido en una casi oscuridad.
-Al fin…- Suspiré cuando comencé a sentir el cuerpo
más liviano, las sabanas se deslizaron a un costado y me elevé de a poco. La
carrera entre mis padres y mi cuerpo en deterioro se terminó después de todo, y
como siempre, gané yo, ya pasamos por esto.
Cuando mi hermano se enfermó nadie sabía bien que
hacer. Se pasaba los días durmiendo y hablando de pájaros, del viento, de las
nubes y las estrellas. Supongo que cuando uno está al borde de la muerte se
interesa más por el cielo, eso explicaba sus extrañas levitaciones nocturnas.
Quizá eran solo delirios de la fiebre, los médicos no tenían idea de cómo
tratarlas, propusieron atarlo a la cama, apoyarle pesas encima; hablarle de
gusanos, tierra y raíces. Nada daba resultado, él estaba cada vez más flaco,
más pálido, volando de fiebre.
-Estar en la cama es enfermante.- Decía él.
-Estar enfermo es enfermante.- Le respondían mis
padres, que trataban de no parecer preocupados, pero el brillo estelar de los
ojos de mi hermano los asustaba cada vez más.- Si te curas vas a salir de la cama, pero tenés que
dejar de hablar de volar, las personas no vuelan.-
- Los jóvenes tienen que extender sus alas y
abandonar el nido, creo que es el momento de que lo haga yo también. Extender
las alas permite volar, y volar es un sinónimo de libertad, a diferencia de
estar atado a la cama.-
Toda la situación me ponía nervioso: no podía
entenderlo a él, que no dejaba de repetir frases incoherentes; no podía
soportar a mis padres deprimidos, que sabían que ya no había nada que hacer,
que no dejaban de hablar sobre tumbas y de pozos. Y por sobre todo, estaba
enojado conmigo mismo, por ser el menor
y no saber qué hacer en esta situación, porque admiraba a mí hermano por
haberse resignado a irse cuando le llegara el momento pero lo odiaba por
quedarse en la cama a pesar de todo.
Cuando yo me enfermé ya nadie trató de hacer nada,
sólo retrasar lo inevitable. No fue una sorpresa.
Poco antes de irse mi hermano me preguntó si alguna
vez soñé en volar como un pájaro, en tener mis propias alas, en el viento pegándome
en la cara. Cuando le contesté que sí puso una cara muy rara, parecía una
sonrisa de orgullo pero al mismo tiempo estaba triste.
-Yo también, siempre.-
Me acuerdo de que traté de consolarlo, la fiebre lo
había vuelto loco, me daba lástima.
Un día nos levantamos y supimos que se había ido. La
casa estaba en silencio, los pájaros ya no cantaban. Entramos a su cuarto y la
cama estaba deshecha, la ventana abierta de par en par dejaba entrar la luz del
sol y el viento. Las sogas estaban en el piso, junto con las tazas vacías y una
nota que decía simplemente: “Voy volando”.
No me gustaba hablar de mi hermano, aproveché que
desapareció cuando yo era muy chico y empecé a decir que era hijo único. A
quién se le ocurriría contar que “mi hermano se volvió loco y saltó por la
ventana”, a quién le gustaría siquiera escucharlo. Por eso cuando mi primera
novia vino a casa y preguntó por el cuarto cerrado al fondo del pasillo terminé
la relación, por eso dejé de invitar gente a mi casa.
Cuando terminé la secundaria decidí que quería ser
aviador, la gente que vuela se toma las cosas a la ligera.
Antes de que pudiera empezar a estudiar caí enfermo.
Empecé a hablar de pájaros, del viento, de las nubes y las estrellas; a pedir
que me abran la ventana, que me dejen ver el sol. Ya habíamos pasado por esto,
mis padres iban volando a ver médicos nuevos mientras yo me quedaba encerrado
en mi cuarto, en mis sábanas amarillentas, rodeado por tazas vacías (de esas
que se acumulan cuando uno pasa mucho tiempo en la cama), sumido en la
oscuridad.
Cada vez estaba más pálido, más flaco, volando de
fiebre… Hasta ese día.
-Al fin…- Suspiré cuando comencé a sentir el cuerpo
más liviano, las sabanas se deslizaron a un costado y me elevé de a poco. No sé
si las ventanas las abrí yo, pero mientras volaba hacia las estrellas supe que la
carrera entre mis padres y mi cuerpo en deterioro se había terminado después de
todo, y como siempre, gané yo, ya pasamos por esto, cerremos los ojos.
Entendí a mi hermano, que no quería saber nada sobre
raíces, porque las raíces atan, el viento es libre y volar es hermoso.


Elaborás una historia interesante y conmovedora, con un protagonista tan atractivo como su voz y su conflicto.
ResponderEliminarBien construido el verosímil, así como extrañamiento y artificio, sin embargo, el tiempo no lineal hubiera necesitado más rupturas.
Hay una contradicción: (“Cuando yo me enfermé ya nadie trató de hacer nada...”. Más adelante: “Ya habíamos pasado por esto, mis padres iban volando a ver médicos nuevos…”).
Rever uso de tiempos verbales, gerundios y tildes. Revisar cómo se usan las rayas de diálogo, sobre todo, en las aclaraciones del narrador.
Nota: 8