"Camuflada" - Luciana Fraschina


Alzina fue la primera en despertar. Su memoria era borrosa y la cabeza le dolía, pero lo peor de todo era que se encontraba inmovilizada por unas cuerdas contra una silla. Inspeccionó el cuarto el cual la rodeaba para darse una pista de que había sucedido. Éste estaba levemente iluminado con una fuente de luz extraña colgada en la pared, y parecía estar vacío, excepto por la presencia de otro cuerpo. Otra chica, aún inconsciente, se encontraba en la misma situación que ella. Alzina la recorrió con los ojos; tenía la ropa desarreglada y mechones de cabello rubio le caían sobre la cara. Un escalofrío le recorrió las espalda cuando salió del estupor y pudo reconocer a la chica. De repente, los recuerdos le volvieron a la mente.

Hacía menos de veinticuatro horas, se le había ocurrido la gran idea de explorar un poco del infinito universo. Si ya que iban a vivir por un gran tiempo en el espacio, porque no merodear un poco ¿No?. Lo primero que hizo fue ir a buscar a Rowan, su novia, pues claro no iba a salir sola. Ésta al principio se resistió diciendo que solo estaban allí por trabajo y que tal vez su idea no era muy segura, pero finalmente la convenció diciéndole que sería un romántico paseo entre las estrellas. Luego agarraron una de las naves estacionadas en la parte trasera de la base, y despegaron en busca de un poco de aventura.

Al pasar un rato de solo ver vacío y estrellas, a lo lejos parecía haber una casa. Alzina y Rowan asombradas no dudaron ni un segundo en ir hacia allí. Recorrieron lo poco que les quedaba y aterrizaron en lo que pudieron reconocer como el famoso planeta enano, Plutón. Al bajarse de la nave hicieron su camino hacia la casa y al llegar, hesitantes tocaron la puerta. Claro que no iban a entrar a la fuerza, quién sabía si alguien o algo residía allí, no querían molestar a nadie. Pocos segundos después, una señora, que para sorpresa de ambas, era humana les abrió la puerta y las hizo pasar.

La casa irradiaba un aire cálido y seguro. La mujer amablemente les ofreció algo para tomar y luego las tres se sentaron en una mesa a conversar. Estuvieron hablando por lo que parecieron horas. Ellas le contaban historias sobre su trabajo como astro exploradoras en el espacio, y la mujer le contaba cómo había terminado allí, ya que Alzina y Rowan creían ser las únicas humanas habitando fuera de la Tierra. Poco a poco, ambas empezaron a sentirse anormalmente cansadas, hasta que llegó un punto en el que no pudieron combatir más el sueño. Acto seguido, todo se volvió negro.

Eso era lo último que Alzina recordaba. Claramente, algo no le cuadraba. ¿Por que la mujer las ataría en una silla? ¿Acaso la mujer las había traicionado?

Hablando del Diablo, la misma se apareció por la puerta, solo que ya no tenía el mismo aspecto que antes. Su piel tenía un tono más púrpura y sus ojos de rasgos felinos eran amarillos. A pesar de las orejas en punta y el cuerpo inhumanamente alto, mantenía una forma bastante humana. La mujer, o al menos eso parecía, comenzó a explicarle su plan y el porqué las tenía allí. Decía algo sobre una energía contenida en el cuerpo de los humanos de la cual nosotros desconocemos la existencia y como ésta salvaría a su planeta, pero Alzina no escuchaba. Era suficientemente inteligente como para saber que ella y Rowan se encontraban en peligro, y que debía encontrar una salida de escape en ese instante.

Sigilosamente para que la mujer no la note, con la poca movilidad que le ofrecían las cuerdas, tanteó sus bolsillos en busca de algo que la ayude. Lo que pudo encontrar fue su navaja de viaje y un arma que no recordaba haber tomado. Pero primero lo primero. Comenzó a cortar la cuerda con la navaja lo más sutilmente que pudo, y cuando el alien dejó la habitación por unos segundos, corrió a liberar a su novia la cual parecía estar despertando.

Cuando parecía que todo iba salir bien, la mujer reapareció en la habitación. Encontrar a las dos al borde de la libertad la enfureció, por lo cual su cara se transformó en algo monstruoso y saltó hacia ellas. En un acto de desesperación, Alzina sacó su otra arma y disparó hacia ella sin saber si siquiera le haría daño alguno. Para su suerte, el arma transmitió un sonido ensordecedor que aturdió al alien. Ni bien esta se desplomó en el piso, Alzina tomó acción y subió a Rowan, quien seguía desconcertada, en su espalda. Lo más rápido que pudo salió de la casa y se subió a la nave. Una vez, ya a salvo y habiendo despegado, se prometió nunca volver a hacer algo por el estilo.

Comentarios

  1. Elaborás una historia interesante y ágil, entretenida. Bien construido el verosímil, así como extrañamiento y artificio, sin embargo, el tiempo no lineal no está logrado.
    Revisar el uso de la puntuación y de las locuciones pronominales: "el cual" o "misma".
    NOTA: 7+

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