Luciana Fraschina
Una noche como cualquier otra, Emma volvía de trabajar, manejando en su auto con la mirada muy concentrada en la ruta. Se veía todo oscuro tal y como la noche lo permitía, a excepción de una mancha blanca en la lejanía. Con el pasar de los minutos, se fue acercando más a la mancha, notando claramente que ésta tenía forma humana. Al llegar allí, pudo identificar que se trataba de un niño. Frenó el auto y abrió la puerta. El niño la miró con expresión neutra mientras se abrazaba a un muñeco que parecía representar algún superheroe el cual ella desconocía. Preocupada al notar que se encontraba sólo, Emma le preguntó que hacía allí tan tarde. Con voz apagada, el le contestó que se había escapado de su casa y luego se había perdido. En respuesta, ella le advirtió que sus padres debían de estar muy preocupados, y si el le decía donde vivía, ella lo llevaría con gusto. El niño aceptó alegremente y se sentó en el asiento de acompañante junto a ella. Durante el camino, el le explicó que temía que sus padres se enojaran mucho por lo que había hecho. Entonces, para distraerlo y evitar que se ponga nervioso, ella le mostró una corona de papel que se había dejado su sobrina hace unos días. El niño apoyó su muñeco en el auto y se puso la corona en la cabeza y se rió comentando que sentía como si fuera un rey, acto que a ella le dio ternura, así que le dijo que podía quedársela. Luego de unos minutos, llegaron a la supuesta casa del niño, el cual felizmente le agradeció por traerlo y se despidió. Después Emma se volvió a su casa.
Al otro día, cuando subió a su auto rutinariamente para ir a trabajar, notó algo inusual. En la parte delantera, donde se encontraba el volante, allí estaba el muñeco del niño. Emma decidió que lo mejor iba a ser devolverlo una vez que saliera del trabajo. Un par de horas mas tarde, emprendió viaje hacia la casa del dueño del muñeco. Al llegar, una señora que aparentaba estar en la mediana edad, le abrió la puerta. Emma se presentó y le explicó que la noche anterior ella había traído a su hijo hasta aquí pero que éste se había olvidado el juguete en su auto. La señora, sin comprender la situación, le contó que su hijo ya no estaba con ellos. Lo primero que se le cruzó por la cabeza a la chica es que habían dado al niño en adopción, lo que la llevaba a pensar que en su acto de anoche, el pudo haber escapado de su nueva casa para volver a la vieja porque la extrañaba, así terminando extraviado en la ruta. Pero la señora le explicó afligidamente que su hijo había muerto. Algo aturdida, Emma pidió disculpas por la molestia y se despidió. Al volver a su auto, notó que en el mismo lugar donde antes se encontraba el muñeco, ahora lo reemplazaba la misma corona de papel que ella le había dado al niño en la noche anterior.


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